El año 2026 debe marcar un punto de inflexión en la forma en que México concibe, atiende y fortalece a su campo.
No puede haber desarrollo nacional, estabilidad social ni soberanía alimentaria sin un sector agroalimentario fuerte, competitivo y socialmente justo. Revalorar la importancia del campo y de quienes producen los alimentos no es solo una aspiración legítima, sino una asignatura aún pendiente.
El campo mexicano enfrenta retos estructurales profundos: desigualdad, pobreza rural, rezago tecnológico, vulnerabilidad climática y falta de rentabilidad para amplios sectores productivos. Por ello, 2026 debe ser un año más productivo, en el que el clima acompañe la producción de alimentos, pero también un año en el que las políticas públicas, la inversión y la coordinación institucional estén verdaderamente alineadas con las necesidades reales del sector.
Reducir la desigualdad y mitigar la pobreza en el campo no puede seguir siendo un discurso recurrente sin resultados tangibles. Se requiere un campo moderno, innovador, productivo y rentable, capaz de generar riqueza, empleo y oportunidades, pero también de distribuir de manera más equitativa los beneficios del desarrollo. La rentabilidad del campo es condición indispensable para su permanencia y para el relevo generacional que el país necesita.
El 2026 debe consolidar una visión de desarrollo agroalimentario sustentable, que combine productividad con responsabilidad ambiental, e innovación tecnológica con inclusión social. Un campo que cuide sus recursos naturales y que, al mismo tiempo, vele por el bienestar de quienes lo trabajan, garantizando condiciones laborales dignas y un mejor nivel de vida para la población rural.
En este contexto, el trabajo conjunto entre el sector productivo y el gobierno resulta indispensable. La prosperidad compartida del campo solo será posible mediante el diálogo permanente, la corresponsabilidad y la construcción de acuerdos que trasciendan coyunturas políticas. El sector agroalimentario requiere certidumbre, reglas claras y una visión de largo plazo que permita garantizar la producción de alimentos y fortalecer la seguridad alimentaria del país.
El 2026 debe ser el año en que México asuma que el campo no es un tema sectorial, sino un asunto estratégico para el desarrollo nacional. Revalorar a quienes producen los alimentos es reconocer su contribución al bienestar colectivo y colocar al campo en el centro de la agenda pública. Solo así será posible construir un país más justo, próspero y con futuro.
Como Consejo Nacional Agropecuario, tenemos claro el rumbo y la dirección que debe seguir el sector agroalimentario nacional. Asumimos el compromiso de trabajar para generar condiciones de certidumbre para el campo mexicano y aprovechar las grandes oportunidades que existen a lo largo y ancho del país, que contribuyan no solo a garantizar el abasto suficiente de alimentos, sino también a impulsar el crecimiento económico y un mayor bienestar para todos los mexicanos.








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